BtVS 7.09: Never Leave Me
Autor: Tien
Referencia hasta: 7.09
La ves a lo lejos. Se asoma apenas, tímida, como si quisiera que sepas de su existencia, mas temiese una introducción formal. Si te detuvieras un segundo a pensarlo, quizá te darías cuenta de que su aparición en el fondo te desconcierta. Sin embargo no te preocupás por ello, instintivamente sabés que nunca vas a cruzarla, no podrías. Entonces te olvidás de ella, dedicándole un último pensamiento a la idea de que ni siquiera tiene sentido su manifestación.
Pero tiempo más tarde te la volvés a encontrar, ahora más nítida, más cerca. Y tal vez porque todavía creés que jamás podrías cruzarla, ni siquiera te asombra el que casi la estés pisando. Hasta que el día menos pensado, como desde el punto de vista de un mero expectador, ves como tus pies, uno detrás del otro, lo hacen.
De repente te encontrás del otro lado. Y te das cuenta de que lo que en verdad te asusta no es el que hayas sido capaz de llegar hasta ahí, sino el que nada parece haber cambiado, el que todo se vea igual desde ese lugar. Entonces otro temor se instala en tu mente. Una pregunta. ¿Dónde estará la próxima línea y qué te impedirá cruzarla también?
El Domingo me fui a acostar con la intención de levantarme temprano, ya que al que madruga, Dios lo ayuda. Pero después recordé que no por mucho madrugar se amanece más temprano, y eso me hizo sentir mejor. Claro, habiéndome acostado extremádamente tarde tanto el Viernes como el Sábado, no tenía esperanzas de dormirme pronto, bien sabido es que no hay dos sin tres. Aunque… ¿y si la tercera era la vencida? Si se preguntan, no, no lo fue.
Así que para no perder la costumbre me quedé dando vueltas en la cama, el cerebro corriendo a mil como siempre, y yo tratando de apurarlo un poco más a que ponga las cosas en orden para al fin poder dormirme. “¡Vamos! Primero lo primero. Empezá por el principio”, lo alentaba yo sin mucho sentido, ya que el orden de los factores no altera el producto.
Entre vuelta y vuelta terminó por decirme muy seriamente que había llegado a la conclusión de que necesitaba ampliar mis horizontes. Por suerte, yo ya tenía la respuesta preparada. Esa es una de las ventajas de discutir con tu propio cerebro. “¿Ampliar mis horizontes? ¿Pero acaso todavía no sabés que el que mucho abarca poco aprieta?”. Por primera vez en la noche logré captar su atención, por lo que seguí, “Ya sabés… todo eso de que más vale pájaro en mano que cien volando…”
Por supuesto que él no podía quedarse atrás, así que retrucó: “¿Para qué querés un pájaro en la mano? Agua que no has de beber, déjala correr”. Sí, porque eso tuvo mucho sentido… ¿Ven por qué pavadas no me deja dormir tranquila? Como me lo quedé mirando con cara incrédula, prosiguió: “Bueno, no te pongas así, tampoco vas a provocar otra inundación, siempre que llovió, paró”. ¿Pueden creer a este tipo? ¡Cómo si no supiera que la última gota siempre es la que derrama el vaso!
Aunque realmente no sé de qué me sorprendo, mi cerebro siempre funcionó así y al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen. Sin embargo, una parte de mí no pierde la esperanza… se supone que nunca es tarde para cambiar. Por otro lado, y a pesar de que de chiquita me enseñaron que no debo hablar con extraños, parece ser cierto que hay cosas que sólo se le pueden contar a ellos. Y créanme, nadie se torna más extraño que él. Así que acá está otras de las ventajas de discutir con mi propio cerebro: tengo dos por uno, aunque a la larga lo barato salga caro.
¿Saben qué? En el fondo creo que lo quiero. Quizá tengan razón los que dicen que el amor es ciego. Esperen… ¿no era ojos que no ven corazón que no siente? Como sea, a palabras necias, oídos sordos. Y si bien sé que no hay peor sordo que el que no quiere oir, en este caso fue una bendición porque ya no lo escuchaba, al parecer finalmente se había dormido. Así que lo seguí, y también me dormí, en paz, por primera vez sin escuchar su lógica retorcida y molesta vocecita hablando incoherencias a las 4:30 am.
Y esa es mi historia del Lunes por la madrugada. Más claro, échenle agua.
Hay veces que odio la forma en que funciona mi cerebro. Esa maldita manía que tiene de funcionar, funcionar y funcionar, y no dejar de hacerlo por más que sean las 4:30 de la mañana y le esté gritando (o suplicando) ‘¡Ya basta!’. Lo peor es que también es obsesivo, cuando se le mete algo, no hay quién se lo saque. Si a eso le sumamos que tiene la habilidad de trabajar en forma concurrente… caos en mi pobre cabeza! Mil cosas dando vueltas a la vez, y la seguridad de que no se irán hasta que logre acabar con cada una de ellas o encuentre el interruptor para apagarlo. Can we rest now?
Llevamos juntos casi un mes, pero recién hoy se mudó a mi habitación. Las cosas estaban aún muy frescas y no me sentía lo suficientemente segura como para dar ese paso. Sin embargo hoy lo miré y simplemente lo supe. Es extraño sentir su presencia, saberlo con el cigarrillo reposando en su mano izquierda mientras me mira dormir.
Copyright Tien 2002 - 2003
62 queries. -0.122 seconds.
Powered by Wordpress
theme by evil.bert