Deja su lugar habitual frente a la PC con destino ya decidido. Sin reparar en las perturbadoras imágenes que sabe no deberían encontrarse en su camino, pero que de alguna forma no parecen estar fuera de lugar, se dirige hacia el baño.
Las luces, demasiado brillantes para la habitación, alumbran su cuerpo desnudo. El reflejo de su propia persona la sobresalta. La palidez natural que siempre la caracterizó se ve alarmentemente intensificada; parece haber mutado en un blanco lechoso, casi transparente en algunas áreas. Es quizá debido a esa incipiente transparencia que las venas que recorren su figura se intensifican; como rutas estrechas en un mapa sin vida.
Con cada inhalación puede ver como la sangre circula dentro de ellas, oscureciéndolas. Sin poder dejar de lado la morbosidad que la invade, repite la acción; una… dos… tres veces. Aspirando más y más profundamente en cada reiteración, hasta que resulta demasiado; un extraño burbujeo conmienza a intensificarse en su corazón, terminando por invadir sus sentidos.
El sonido ahora es diferente, más agudo, más penetrante, más familiar. Ininterrumpido. La intensa luminosidad del cuarto ha dado lugar la oscuridad que la rodea, mientras yace boca arriba. Cuando sus ojos logran acostumbrarse al ambiente, logra distinguir un trapecio blanco y brillante, a lo lejos. Éste comienza a intensificarse, como si estuviera dirigiéndose hacia ella, y termina por tomar la forma de un haz de luz.
De repente se siente flotar; una parte de ella, al menos. Entonces lo comprende. Está muriendo, y la verdad es que no le importa. Mientras continúa elevándose lentamente hacia la invitante tibieza proveniente del haz de luz, está en paz.
Pero una sentencia interrupe esa paz: “No me dejes”. Al reconocer la voz de su madre instintivamente voltea y se aferra a los costados de la cama, su rostro incorpóreo enterrado en el pecho que momentos atrás había dejado de latir. La luz ya no resulta tan invitante. Ahora sí le importa, encontró un motivo para quedarse y lucha con todas sus fuerzas por hacerlo.
Cuando vuelve a sentirse de espaldas, enfrentando la negrura a su alrededor, sabe que lo ha logrado.
Y despierta.