Humor(Tien)

Es una de esas pocas veces en las que la inspiración se apiada de mí. La idea que tomó forma en mi cabeza comienza a fluir por mis dedos, que martillan el teclado con ritmo constante. Las oraciones acompañan el compás; las palabras describen fielmente el concepto. Entonces… “Tien, necesito la PC. Son cinco minutitos nomás…”.
Extrañamente pude agarrar la película desde el principio, hacía mucho que no me sucedía. A pesar de mis constantes quejas sobre el sistema de cable, es un estreno que me resulta entretenido. Las escenas avanzan, la trama llega a su punto culminante y la identidad del asesino está a punto de ser revelada cuando: “Ay, dejame ver el noticiero cinco minutitos que justo están hablando de un tema que me interesa…”.
Suena el teléfono y es esa persona con la que hacía meses no hablaba. Es una suerte que existan estas promociones que permiten una llamada de larga distancia con costo fijo cada 15 días. Intercambiamos novedades y anécdotas, pero cuando estamos en medio del más jugoso de los chismes siento que alguien me toca la espalda. “Tengo que hacer un llamado ya! Pero enseguida te lo dejo, no son más que cinco minutitos”.
El insomnio se ha convertido en mi fiel compañero. Todas las noches me golpea la ventana y, entrando en forma sigilosa para no despertar a nadie más, se sienta junto a mi cama a relatarme las historias más increíbles. Las horas pasan entre aventuras y misterios, y cuando nos queremos acordar el sol se filtra por las persianas. Recién entonces cierro los ojos y comienzo a transitar el camino hacia los sueños.
Los párpados están pesados y los pensamientos se hacen difusos, la respiración se vuelve más lenta, el sonido del reloj es cada vez más lejano… tic… tac… tic… tac… tic… toc Toc TOC! Desde el otro lado de la puerta se escucha una voz: “Tien! Despertate! Necesito que me ayudes con algo. Pero después te dejo volver a dormir, son sólo…”
“Sí, ya sé… Son sólo cinco minutitos”.
Ella fue la última en abandonarlo. Pero esa noche empacó todas sus pertenencias en una pequeña maleta y se despidió en silencio. Él sabría comprender, lo suyo ya no estaba funcionando. En los últimos meses (¿años?) ella se había mantenido firme a su lado, contraria a toda razón, mientras uno a uno se iban alejando.
En un principio él se había aferrado a ella, con todas sus fuerzas. Mas la creciente soledad comenzaba a cambiarlo, y esto se veía reflejado en la forma en que la a veces la trataba. El ignorarla, callarla, hacerla a un lado y hasta en ocaciones reprocharle cosas que no estaban bajo su control se había vuelto costumbre. Había dejado de apreciarla y ella lo resentía. Es por eso que decidió marcharse, sabiendo que volvería… eventualmente.
Él se despertó para sentir el vacío extenderse aún más. Le llevó unos instantes comprender que había partido, pero el letargo apoderándose poco a poco de su cuerpo terminó por hacer evidente su ausencia. Despojado de todo lo que alguna vez le había pertenecido, no pudo más que reirse de la ironía del asunto; la carcajada amarga retumbó en la habitación. ¿Cómo encontrar la voluntad para recuperarla, cuando acababa de perderla?
Cada mañana de esta semana me he despertado deseando poder tomar el próximo transporte a Venus. Sé que el cambio sería drástico y siete años es mucho tiempo; probablemente terminaría igual que Margot. Sin embargo, en este momento la idea de poder resumir todo el verano en un día se ve demasiado tentadora.
Copyright Tien 2002 - 2003
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